El asado

Comió como un cerdo, desgarrando la carne y los huesos, poseído. Mis hijos lo miraban fascinados. Cuando terminamos la cena encendió un cigarrillo y dijo que había vuelto a matar. Silvia soltó los cubiertos. Mi amigo repitió lo dicho ansiando descreerse:
—Volví a matar —dijo— hace un par de horas, en mi casa, a mi novia.
—¿Quién era tu novia, Leo? —dije como si importara ya a esa altura de las circunstancias, viéndolo cerrar las puertas con llave, escuchando a los patrulleros afuera.
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